“Los días del abandono” de Elena Ferrante

Portada de Los días del abandonoEl propio título nos aclara el tema del libro: los primeros días y meses de una mujer recién abandonada por su marido. Al principio, este tema puede presentar alguna que otra reticencia, sobre todo si hemos vivido algún caso parecido de cerca, pero nuestra experiencia en el club ha resultado ser más de renovación que de resquemor. Así que recomendamos su lectura, no como un libro entretenido y agradable sino como una historia que nos llevará a la interiorización y asimilación de sentimientos.

Un día cualquiera del caluroso verano de Turín, Mario pone fin a los casi 20 años de casado que lleva con Olga. El motivo en apariencia es una tercera persona, sin embargo, hay algo más bajo esa superficie. La misteriosa Elena Ferrante tratará de aclarárnoslo y nos reflejará la reacción de Olga durante los primeros meses.

Los días del abandono nos hace reflexionar sobre las relaciones amorosas de largo recorrido. Nos hace pensar si realmente conocemos a la persona con quien compartimos nuestra vida, y si verdaderamente somos conscientes de la nuestra propia. En una relación de dos que se acaba, no es posible que sólo uno tenga que asumir la responsabilidad. En el caso de Olga, al principio todo parece apuntar al marido, quien le ha sido infiel. Sin embargo, poco a poco se va desgranando la personalidad insatisfecha de la protagonista. Dejó su trabajo para dedicarse a su familia, pero a cambio se prometió desarrollar su vocación como escritora. No cumplir con esa promesa fue su primera traición a sí misma. Como consecuencia trató de acallar esa frustración dedicándose en cuerpo y alma a su papel de ama de casa, madre y esposa perfecta. Esa fue la segunda vez que se falló. El tiempo que invirtió en esa búsqueda incansable por la perfección, hizo que dedicara menos tiempo a conocer a su marido, a sus hijos y, lo más importante, a sí misma.

Temor, inseguridad, frustración, insatisfacción, decepción… Todo esto ya existía en la vida de Olga antes de sentirse abandonada. Después, los mismos sentimientos se intensificaron porque salieron a la superficie. Y además, entraron en juego otros como la humillación a sí misma, los reproches de sus hijos, la desatención de los demás hacia ella, la necesidad de ser autosuficiente, la desesperación… Pero lo que más destacaría de estos últimos son la sensación de pasado arruinado y la de injusticia. En cuanto al primer sentimiento, es llamativo cómo una situación extrema nos hace sacar los miedos que laten bajo nuestra superficie. Ella responsabiliza a Mario de haber desperdiciado su pasado, de haberle robado ese tiempo. Pero yo me pregunto, ¿existe algún pasado sólido? Estamos siempre reinterpretando los recuerdos, así que si lo pensamos con lógica, no es más que un pensamiento irracional que le provoca dolor y sufrimiento. Es un ejemplo de hasta qué punto podemos desequilibrarnos cuando nos embiste algún acontecimiento inesperado, aparte de pensar que, por lo general, somos nosotros los arquitectos de nuestro destino (gracias a Bernabé por su aportación). Por último, en relación con la segunda sensación, la de injusticia, Olga piensa que su marido ha contraído con ella una deuda vital por haberla traicionado de esa manera. Sin embargo, ¿no ha sido ella quien más se ha traicionado a sí misma en esta historia? ¿Por qué se ató a algo que la hacía infeliz? ¿Por qué pensó que dedicarse a los demás los obligaba a entrar en deuda de amor con ella?

Es notable también la revisión que hace de su infancia a través del personaje de “la pobrecilla” que, en cierto modo, había marcado ciertos aspectos de su personalidad. Esta vuelta a evaluar el pasado es algo típico de cuando te ocurre algo que hace tambalear tu base. Asimismo es destacable el lenguaje soez que decora la mitad central del libro, que llega a cansar un poco pero que refleja perfectamente la desesperación del personaje y su vuelta a los inicios.

El papel de Mario, por su parte, se plantea someramente, por lo que aparece bastante deshumanizado. Puede que sea ése el propósito de la escritora, plantearlo como una persona sin corazón, y encima, como se descubre en el trascurso de la novela, un trepa y un avasallador. O puede que se proponga hacernos sentir lo mismo que a Olga, que estamos ante un absoluto desconocido. El caso es que no sabemos de sus motivos, de sus historias, de sus sentimientos… Sólo queda claro que ella “le da su merecido”. Cursioso pasaje.

En resumen, estamos ante un libro que abre los ojos del alma hacia una curación interior. No es un libro de sombrilla, pero sí puede serlo bien de ventilador.

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