Antonio Scurati nos cuenta “Una historia romántica”

Portada de Una historia románticaMorosini, amigo de juventud de Jacopo y casado con Aspasia, ya en la vejez, recibe un manuscrito inesperado que describe los días revolucionarios que se vivieron en Milán, justo antes de que estallara la Primera Guerra de la Independiencia italiana en 1848, y la historia de amor que vivieron su mujer y su amigo durante aquel acontecimiento. Fue un amor momentáneo pero rotundo, inagotable, inmortal, a pesar de lo que les deparaba el futuro.

Podríamos decir que, a pesar del título, Una historia romántica es una novela principalmente histórica. El contexto donde se dio el comienzo revolucionario italiano está muy bien recogido, así como la carga psicológica y social de un movimiento de ese carácter. La patria está tratada de una manera muy palpable y original. Porque es obvio que el espíritu nacionalista tuvo mucho peso en esas jornadas de lucha contra la opresión austríaca, sin embargo, el concepto Italia se relaciona en más de una ocasión con una mujer, una madre, pero que se ha visto vejada. Este es el punto de vista de Jacopo, quien arrastra un trauma de pequeño y cuyo sentimiento nacionalista y revolucionario nace, como en la mayoría de las ocasiones, no como algo puro y abstracto, sino como resultado de una serie de condicionantes entre los que se encuentran su poco apego a la vida, su desencanto, su desilusión, su falta de motivación y la necesidad de limpiar una honra materna que creía manchada. Un ejemplo de ese espíritu nacionalista impuro y contradictorio ocurre en la primera parte de la novela, cuando se está presentando a este personaje. Va paseando y criticando la presencia austríaca en su país, y sin embargo, entra en una cafetería y pide una tarta Sacher, típico pastel de Austria.

En cuanto a la historia de amor pienso que es más una excusa para plantear la progresión psicológica en el tiempo de dos personajes tan dispares como Aspasia y Jacopo. El nacimiento y la consumación de ese amor apenas duró unos días. El resto fue creado y mantenido en el transcurso de los años, a conciencia, como quien alimenta un pasado que fue mejor. En este caso esa mejora pasada estaba relacionada con la libertad de los días revolucionarios en que ni ella se debía a las convenciones sociales ni él al yugo del trauma psicológico que arrastraba.

Otro de los temas que retrata el libro es la corrupción que lleva casi pareja el poder y la codicia. Este aspecto de la historia está representado por Morosini, quien en su vejez es un senador que ha cambiado de ideología por aumentar su poder. Todo en su vida es hipocresía y falsedad, desde una esposa que nunca lo ha amado hasta la mentira en la que ha vivido desde su juventud. Ni él mismo se aguanta. Antes por austríacos y ahora por italianos corruptos, el caso es que el poder siempre está en manos de quien mejor sabe sacarle provecho para sí mismo. Un tema de evidente actualidad en el país vecino y en el nuestro propio.

Tres corrientes culturales del S.XIX se ven claramente en la historia de Antonio Scurati. Por un lado, el romanticismo, impregnado en todos y cada uno de los personajes durante la revuelta. Así, encontramos valores como los de la juventud ilusionada por cambiar una realidad injusta, el amor irracional, la lucha desigual, el heroísmo sin sentido, la unión colectiva… Por otro lado, el nihilismo, representado, principalmente, por Jacopo. Algo que describía ese carácter es que, a pesar de ser visto como un héroe y respetado por todos, no conseguía ser un líder carismático, al que seguir ciegamente, porque, según decían, desprendía olor a muerte. Es muy interesante la radiografía que se hace de este personaje, para mí más que la de Aspasia, en cierto modo, más pragmática. Y finalmente, el nacionalismo, cuyo papel en la novela hemos intentado plasmar en el segundo párrafo de la reseña.

En cuanto al estilo narrativo, debemos de destacar su riqueza y lirismo. Algunas de las citas más llamativas las encontramos en las siguientes líneas, lo que no deja de ser un mero ejemplo:

“Si aquella mañana, pues, alguien hubiera podido sobrevolar Milán y verla a vista de pájaro, habría visto un corazón palpitante oprimido por un puño de hierro.” (106)

“Volvía la vista atrás y no recordaba ninguno de esos goces pasados que se mastican una y otra vez y se escupen en el postrer trance.” (128)

“A veces para huir del horror hay que abismarse en él.” (165)

“Terrible fertilidad de la guerra, que generaba sus propios guerreros en una progenie sin fin.” (166)

“La mierda, como saben bien los que viven del arte, es el abono del éxito.” (179)

“La frivolidad es a veces el último refugio de la libertad. En cambio, el odio y la opresión son siempre irremediablemente serios y siniestros.” (181)

En definitiva, Antonio Scurati nos deleita con un libro denso, profundo y a la vez bello, que resulta totalmente recomendable.