Jane Austen nos presenta a “Emma”

Portada de EmmaEsta ha sido nuestra última lectura del curso 2012/13. Con ella hemos tenido nuestros más y nuestros menos, Jane Austen es una escritora con un estilo especial, en realidad como todos, que tiene sus seguidores y sus detractores, así que el debate que se ha planteado en el club entorno a su obra ha sido de lo más interesante. Mención especial merece el resumen dramatizado que nos hizo Lola durante una de las sesiones.

Aquí va el argumento de Emma:

“Cuando la joven Emma —hija soltera del rico y distinguido señor Woodhouse— pierde la compañía de su antigua institutriz, toma bajo su tutela a la humilde Harriet Smith. Su modesta extracción y su simpleza, además de su hermosura, hacen de ella una candidata perfecta para que Emma pueda entregarse a su ocupación favorita: arreglar la vida de los demás. Sus afanes para que Harriet haga un matrimonio ventajoso y su personalidad manipuladora sufrirán, sin embargo, distintos reveses antes de alcanzar un final inesperado y feliz.”

Jane Austen (1775-1817) nació y vivió en el sur de Inglaterra durante el periodo de la Regencia, justo antes de la época Victoriana. Hija de un pastor protestante, permaneció soltera durante toda su vida, pese a que sus novelas suelan girar entorno al matrimonio. Quizás este aspecto contradictorio sea lo que más la defina, es decir, que aún habiendo nacido, crecido y sido educada en un entorno conservador y burgués, en el que la mayor preocupación de las mujeres y sus familias era hacer un buen casamiento, Jane fue capaz de contradecir las convenciones sociales por decisión propia. Puede que esa independencia de miras que se otorgó a sí misma le permitiera analizar la realidad en que vivía con una mayor visión crítica que plasmó, sutilmente, en todas y cada una de sus novelas.

En mi opiniCartel de la película Emmaón, lo más interesante de Emma es eso, saber que su autora estaba en desacuerdo con su personaje. Además, la atmósfera controlada y reglamentada de la sociedad de la época, cobra vida de tal manera que llega a resultar agobiante y aburrida la lentitud y vacuidad de los diálogos, siempre medidos según las estrictas normas sociales. Con todo ello, Jane Austen logra hacernos llegar a 2013 un trocito de la realidad en que vivió. Un mérito de incalculable valor.

Una reseña interesante sobre esta novela la pueden encontrar en el blog Travesía Literaria.

Y para terminar, queremos recordaros que existe una versión cinematográfica de Emma, protagonizada por Gwyneth Paltrow. Para ver si está disponible en la Biblioteca de Utrera, sólo tienes que pulsar aquí.

Anuncios

“Los días del abandono” de Elena Ferrante

Portada de Los días del abandonoEl propio título nos aclara el tema del libro: los primeros días y meses de una mujer recién abandonada por su marido. Al principio, este tema puede presentar alguna que otra reticencia, sobre todo si hemos vivido algún caso parecido de cerca, pero nuestra experiencia en el club ha resultado ser más de renovación que de resquemor. Así que recomendamos su lectura, no como un libro entretenido y agradable sino como una historia que nos llevará a la interiorización y asimilación de sentimientos.

Un día cualquiera del caluroso verano de Turín, Mario pone fin a los casi 20 años de casado que lleva con Olga. El motivo en apariencia es una tercera persona, sin embargo, hay algo más bajo esa superficie. La misteriosa Elena Ferrante tratará de aclarárnoslo y nos reflejará la reacción de Olga durante los primeros meses.

Los días del abandono nos hace reflexionar sobre las relaciones amorosas de largo recorrido. Nos hace pensar si realmente conocemos a la persona con quien compartimos nuestra vida, y si verdaderamente somos conscientes de la nuestra propia. En una relación de dos que se acaba, no es posible que sólo uno tenga que asumir la responsabilidad. En el caso de Olga, al principio todo parece apuntar al marido, quien le ha sido infiel. Sin embargo, poco a poco se va desgranando la personalidad insatisfecha de la protagonista. Dejó su trabajo para dedicarse a su familia, pero a cambio se prometió desarrollar su vocación como escritora. No cumplir con esa promesa fue su primera traición a sí misma. Como consecuencia trató de acallar esa frustración dedicándose en cuerpo y alma a su papel de ama de casa, madre y esposa perfecta. Esa fue la segunda vez que se falló. El tiempo que invirtió en esa búsqueda incansable por la perfección, hizo que dedicara menos tiempo a conocer a su marido, a sus hijos y, lo más importante, a sí misma.

Temor, inseguridad, frustración, insatisfacción, decepción… Todo esto ya existía en la vida de Olga antes de sentirse abandonada. Después, los mismos sentimientos se intensificaron porque salieron a la superficie. Y además, entraron en juego otros como la humillación a sí misma, los reproches de sus hijos, la desatención de los demás hacia ella, la necesidad de ser autosuficiente, la desesperación… Pero lo que más destacaría de estos últimos son la sensación de pasado arruinado y la de injusticia. En cuanto al primer sentimiento, es llamativo cómo una situación extrema nos hace sacar los miedos que laten bajo nuestra superficie. Ella responsabiliza a Mario de haber desperdiciado su pasado, de haberle robado ese tiempo. Pero yo me pregunto, ¿existe algún pasado sólido? Estamos siempre reinterpretando los recuerdos, así que si lo pensamos con lógica, no es más que un pensamiento irracional que le provoca dolor y sufrimiento. Es un ejemplo de hasta qué punto podemos desequilibrarnos cuando nos embiste algún acontecimiento inesperado, aparte de pensar que, por lo general, somos nosotros los arquitectos de nuestro destino (gracias a Bernabé por su aportación). Por último, en relación con la segunda sensación, la de injusticia, Olga piensa que su marido ha contraído con ella una deuda vital por haberla traicionado de esa manera. Sin embargo, ¿no ha sido ella quien más se ha traicionado a sí misma en esta historia? ¿Por qué se ató a algo que la hacía infeliz? ¿Por qué pensó que dedicarse a los demás los obligaba a entrar en deuda de amor con ella?

Es notable también la revisión que hace de su infancia a través del personaje de “la pobrecilla” que, en cierto modo, había marcado ciertos aspectos de su personalidad. Esta vuelta a evaluar el pasado es algo típico de cuando te ocurre algo que hace tambalear tu base. Asimismo es destacable el lenguaje soez que decora la mitad central del libro, que llega a cansar un poco pero que refleja perfectamente la desesperación del personaje y su vuelta a los inicios.

El papel de Mario, por su parte, se plantea someramente, por lo que aparece bastante deshumanizado. Puede que sea ése el propósito de la escritora, plantearlo como una persona sin corazón, y encima, como se descubre en el trascurso de la novela, un trepa y un avasallador. O puede que se proponga hacernos sentir lo mismo que a Olga, que estamos ante un absoluto desconocido. El caso es que no sabemos de sus motivos, de sus historias, de sus sentimientos… Sólo queda claro que ella “le da su merecido”. Cursioso pasaje.

En resumen, estamos ante un libro que abre los ojos del alma hacia una curación interior. No es un libro de sombrilla, pero sí puede serlo bien de ventilador.

Antonio Scurati nos cuenta “Una historia romántica”

Portada de Una historia románticaMorosini, amigo de juventud de Jacopo y casado con Aspasia, ya en la vejez, recibe un manuscrito inesperado que describe los días revolucionarios que se vivieron en Milán, justo antes de que estallara la Primera Guerra de la Independiencia italiana en 1848, y la historia de amor que vivieron su mujer y su amigo durante aquel acontecimiento. Fue un amor momentáneo pero rotundo, inagotable, inmortal, a pesar de lo que les deparaba el futuro.

Podríamos decir que, a pesar del título, Una historia romántica es una novela principalmente histórica. El contexto donde se dio el comienzo revolucionario italiano está muy bien recogido, así como la carga psicológica y social de un movimiento de ese carácter. La patria está tratada de una manera muy palpable y original. Porque es obvio que el espíritu nacionalista tuvo mucho peso en esas jornadas de lucha contra la opresión austríaca, sin embargo, el concepto Italia se relaciona en más de una ocasión con una mujer, una madre, pero que se ha visto vejada. Este es el punto de vista de Jacopo, quien arrastra un trauma de pequeño y cuyo sentimiento nacionalista y revolucionario nace, como en la mayoría de las ocasiones, no como algo puro y abstracto, sino como resultado de una serie de condicionantes entre los que se encuentran su poco apego a la vida, su desencanto, su desilusión, su falta de motivación y la necesidad de limpiar una honra materna que creía manchada. Un ejemplo de ese espíritu nacionalista impuro y contradictorio ocurre en la primera parte de la novela, cuando se está presentando a este personaje. Va paseando y criticando la presencia austríaca en su país, y sin embargo, entra en una cafetería y pide una tarta Sacher, típico pastel de Austria.

En cuanto a la historia de amor pienso que es más una excusa para plantear la progresión psicológica en el tiempo de dos personajes tan dispares como Aspasia y Jacopo. El nacimiento y la consumación de ese amor apenas duró unos días. El resto fue creado y mantenido en el transcurso de los años, a conciencia, como quien alimenta un pasado que fue mejor. En este caso esa mejora pasada estaba relacionada con la libertad de los días revolucionarios en que ni ella se debía a las convenciones sociales ni él al yugo del trauma psicológico que arrastraba.

Otro de los temas que retrata el libro es la corrupción que lleva casi pareja el poder y la codicia. Este aspecto de la historia está representado por Morosini, quien en su vejez es un senador que ha cambiado de ideología por aumentar su poder. Todo en su vida es hipocresía y falsedad, desde una esposa que nunca lo ha amado hasta la mentira en la que ha vivido desde su juventud. Ni él mismo se aguanta. Antes por austríacos y ahora por italianos corruptos, el caso es que el poder siempre está en manos de quien mejor sabe sacarle provecho para sí mismo. Un tema de evidente actualidad en el país vecino y en el nuestro propio.

Tres corrientes culturales del S.XIX se ven claramente en la historia de Antonio Scurati. Por un lado, el romanticismo, impregnado en todos y cada uno de los personajes durante la revuelta. Así, encontramos valores como los de la juventud ilusionada por cambiar una realidad injusta, el amor irracional, la lucha desigual, el heroísmo sin sentido, la unión colectiva… Por otro lado, el nihilismo, representado, principalmente, por Jacopo. Algo que describía ese carácter es que, a pesar de ser visto como un héroe y respetado por todos, no conseguía ser un líder carismático, al que seguir ciegamente, porque, según decían, desprendía olor a muerte. Es muy interesante la radiografía que se hace de este personaje, para mí más que la de Aspasia, en cierto modo, más pragmática. Y finalmente, el nacionalismo, cuyo papel en la novela hemos intentado plasmar en el segundo párrafo de la reseña.

En cuanto al estilo narrativo, debemos de destacar su riqueza y lirismo. Algunas de las citas más llamativas las encontramos en las siguientes líneas, lo que no deja de ser un mero ejemplo:

“Si aquella mañana, pues, alguien hubiera podido sobrevolar Milán y verla a vista de pájaro, habría visto un corazón palpitante oprimido por un puño de hierro.” (106)

“Volvía la vista atrás y no recordaba ninguno de esos goces pasados que se mastican una y otra vez y se escupen en el postrer trance.” (128)

“A veces para huir del horror hay que abismarse en él.” (165)

“Terrible fertilidad de la guerra, que generaba sus propios guerreros en una progenie sin fin.” (166)

“La mierda, como saben bien los que viven del arte, es el abono del éxito.” (179)

“La frivolidad es a veces el último refugio de la libertad. En cambio, el odio y la opresión son siempre irremediablemente serios y siniestros.” (181)

En definitiva, Antonio Scurati nos deleita con un libro denso, profundo y a la vez bello, que resulta totalmente recomendable.