Javier Pérez Andújar nos revela “Todo lo que se llevó el diablo”

"Todo lo que se llevó el diablo" de Javier Pérez AndújarLa novela se centra en 1935 en España, durante el declive de la II República. En este contexto se encierran dos grupos de personajes. Por un lado, Velasco Flaínez y Orfilio Velasco, sobrino y tío respectivamente, ambos loberos por tradición familiar. Por otro, un grupo de maestros misioneros en la Sierra de la Culebra (Zamora): Reposiano Guitarra, Maruja, Mª Luisa Pickman, Espiridión González y Arcos Paulín. Finalmente, existe un punto de vista más actual que representa el coleccionista de cómics Paco Castañón.

Todo lo que se llevó el diablo tiene un claro mensaje: la educación equivale a la libertad. Lo lanza a través de la importancia de las Misiones Pedagógias y de su labor personificada en los maestros antes enumerados. Y mediante el maestro del pueblo al que acuden, Don Aladino, quien, como el genio de la lámpara maravillosa, lanza el rayo de esperanza que puede iluminar y acabar con tanta miseria. En contraposición se encuentra el inmovilismo de quienes gobiernan el pueblo, cura y alcade, que apoyan mantener las desigualdades para evitar el progreso y no instaurar el “caos”, y su lado opuesto, la imagen del anarquismo favorable al desorden del sistema.

En libro, aunque a veces resulta muy propagandístico de la República, pone de manifiesto la ignorancia, el embrutecimiento, la miseria y, a veces, el salvajismo de los pueblos de España. Un buen material complementario a esta historia sería el documental “Tierra sin pan” de Luis Buñuel.

En cuanto al vocabulario y al estilo narrativo hay que decir que el primero es variado y recupera palabras en desuso tales como las referidas a algunos oficios antiguos (v.gr. lañador, prendero o amolachín). El segundo, por su parte, es novedoso, sobre todo respecto a los diálogos, porque no se inician con el guión habitual, así que hay que acostumbrarse a saber identificar cuál de los personajes es el que tiene la palabra en cada momento.

Además de la riqueza lingüística de la novela, también hay que decir que está excelentemente documentada. Al ámbito de la educación durante la II República no le falta detalle. Y a la situación de los pueblos de España durante los años 30. También es destacable el gran número de referencias literarias a las que aluden los maestros durante sus diálogos. Lo mismo ocurre con la historia del cómic belga, al hablar de Arcos Paulín como dibujante. O del origen de los loberos al introducir el personaje de Velasco Flaínez.

Las idas y venidas temporales y el peculiar estilo narrativo hacen de la lectura de Todo lo que se llevó el diablo una tarea no ardua pero sí más compleja de lo normal. No obstante, tiene a su favor un argumento tan poco habitual y tan bien documentado que, para mí, ha merecido la pena sobradamente.

Finalmente, me gustaría plasmar aquí un fragmento, por su cercanía con nuestro club de lectura. Así habla Arcos Paulín de las bibliotecas:

“A una sociedad no se la puede considerar completa si carece de bibliotecas para los niños y aun para los adultos. Las pequeñas bibliotecas que llevamos a los pueblos van a despertar en la gente el amor y el afán del libro; porque, con ellas, el libro llega a todas las manos, se hace asequible y, de esta manera, deseable. Una biblioteca bien formada es un instrumento de cultura tan eficaz como una escuela. Los libros tienen un componente biológico en relación con las personas. Forman parte de ellas. Los libros, al igual que el cerebro, dan opinión a la gente.”

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